Category Archives: Guy de Maupassant

Alexandre

Igual que todos los días, a las cuatro de la tarde, Alexandre llevó frente a la puerta de la casita del matrimonio Marambaile el coche de paralítico, de tres ruedas, en el cual paseaba hasta las seis, por prescripción del médico, a su anciana y lisiada señora. Cuando hubo colocado el ligero vehículo junto al […]

El albergue

Semejante a todas las hospederías de madera construidas en los altos Alpes, al pie de los glaciares, en esos pasadizos rocosos y pelados que cortan las cimas blancas de las montañas, el albergue de Schwarenbach sirve de refugio a los viajeros que siguen el paso de la Gemmi. Durante seis meses permanece abierto, habitado por […]

Ahogado

I Todos conocían en Fècamp la historia de la tía Patin. Era una mujer que no había sido feliz, ni mucho menos, con su marido; porque su marido la apaleaba lo mismo que se apalea el trigo en las granjas. Era patrón de una lancha de pesca, y se casó con ella, de esto hacía […]

A las aguas

DIARIO DEL MARQUÉS DE ROSEVEYRE 12 DE JUNIO 1880.— ¡A Loëche! ¡Quieren que vaya a pasar un mes a Loëche! ¡Misericordia!¡Un mes en esta ciudad que dicen ser la más triste, la más muerta, la más aburrida de las villas! ¡Qué digo, una ciudad! ¡Es un agujero, no una ciudad! ¡Me condenan a un mes […]

El afeminado

Cuántas veces oímos decir: “Es encantador este hombre, pero es una mujer, una mujer auténtica”. Vamos a hablar del afeminado, la peste de nuestro país. Ya que nosotros, en Francia, somos todos afeminados, es decir, cambiantes, antojadizos, inocentemente pérfidos, sin orden en las convicciones o la voluntad, violentos y débiles como las mujeres. Pero el […]

¡Adios!

Los dos amigos acababan de comer. Desde la ventana del café veían el bulevar muy animado. Acariciábanles el rostro esas ráfagas tibias que circulan por las calles de Paris en las apacibles noches de verano y obligan a los transeúntes a erguir la cabeza, incitándo1os a salir, a irse lejos, a cualquier parte en donde […]

La abuela Sauvage

I Hacía quince años que no volvía por Virelogne. Regresé a cazar, en otoño, a casa de mi amigó Serval, que por fin había reconstruido su palacio, destruido por los prusianos. Me gustaba extraordinariamente aquella tierra. Hay en el mundo deliciosos rincones que tienen para los ojos un encantó sensual. Los amamos con un amor […]

Abandonado

—Es preciso estar loca para salir al campo a estas horas con un calor insufrible. De dos meses a esta parte, se te ocurren ideas muy extrañas. A la fuerza me haces venir a la orilla del mar, cuando en cuarenta y cinco años que llevamos de matrimonio jamás tuviste semejante fantasía. Sin pedirme parecer, […]