Category Archives: Marqués de Sade

Agustina de Villeblanche o la estratagema del amor

De todos los extravíos de la naturaleza, el que más ha he­cho cavilar, el que más extraño ha parecido a esos pseudo­filósofos que quieren analizarlo todo sin entender nunca nada -comentaba un día a una de sus mejores amigas la señori­ta de Villeblanche, de la que pronto tendremos ocasión de ocuparnos- es esa curiosa atracción […]

Emilia de Tourville o la crueldad fraterna

Nada es tan sagrado en una familia como el honor de sus miembros, pero si ese tesoro llega a empañarse, por precioso que sea, aquellos a quienes importa su defen­sa, ¿deben ejercerla aun a costa de cargar ellos mismos con el vergonzoso papel de perseguidores de las desdi­chadas criaturas que les ofenden? ¿No sería más […]

La mojigata o el encuentro inesperado

El señor de Sernenval, de unos cuarenta años de edad, con doce o quince mil libras de renta que gastaba tran­quilamente en París, sin ejercer ya la carrera de comer­cio que antaño había estudiado y satisfecho con toda dis­tinción con el título honorífico de burgués de París con miras a conseguir un cargo de regidor, […]

El preceptor filósofo

De todas las ciencias que se inculcan a un niño cuan­do se trabaja en su educación, los misterios del cristia­nismo, aun siendo sin duda una de las materias más su­blimes de esta educación, no son, sin embargo, las que se introducen con mayor facilidad en su joven espíritu. Persuadir, por ejemplo, a un muchacho de […]

La flor del castaño

Se supone, yo no lo afirmaría, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la flor del castaño posee efectiva­mente el mismo olor que ese prolífico semen que la na­turaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes. Una tierna damisela, de unos quince años de edad, que jamás […]

El esposo complaciente

Toda Francia se enteró de que el príncipe de Bauf­fremont tenía, poco más o menos, los mismos gustos que el cardenal del que acabamos de hablar. Le habían dado en matrimonio a una damisela totalmente inexperta a la que, siguiendo la costumbre, habían instruido tan sólo la víspera. -Sin mayores explicaciones -le dice su madre- […]

¡Que me engañen siempre así!

Hay pocos seres en el mundo tan libertinos como el cardenal de…, cuyo nombre, teniendo en cuenta su to­davía sana y vigorosa existencia, me permitiréis que ca­lle. Su Eminencia tiene concertado un arreglo, en Roma, con una de esas mujeres cuya servicial profesión es la de proporcionar a los libertinos el material que necesi­tan como […]

El resucitado

Los filósofos dan menos crédito a los aparecidos que a ninguna otra cosa; si, no obstante el extraordinario he­cho que voy a relatar, suceso respaldado por la firma de varios testigos y registrado en archivos respetables, este suceso, repito, gracias a todos estos títulos y a los visos de autenticidad que tuvo en su momento, […]

Un obispo en el atolladero

Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de los juramentos. Creen que ciertas le­tras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pue­den, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinita­mente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible, y sin lugar a dudas ese es […]

El alcahuete castigado

Durante la Regencia ocurrió en París un hecho tan sin­gular que aún hoy en día puede ser narrado con interés; por un lado, brinda un ejemplo de misterioso libertina­je que nunca pudo ser declarado del todo; por otro, tres horribles asesinatos, cuyo autor no fue descubierto ja­más. Y en cuanto a… las conjeturas, antes de […]